Grounding: cómo enfocar una estrategia de inteligencia artificial según la intención de búsqueda
Uno de los grandes retos al aplicar Inteligencia Artificial en contenidos no es técnico, sino estratégico. La clave está en distinguir cuándo la IA debe apoyarse en datos reales y cuándo puede trabaja
La confusión habitual
Las IA generativas escriben bien. Muy bien, de hecho. Redactan con soltura, ordenan ideas y adoptan tonos con una facilidad que hace unos años parecía ciencia ficción. El problema aparece cuando asumimos que esa fluidez implica precisión.
No siempre es así.
Por eso, antes de automatizar procesos o escalar contenidos, conviene hacerse una pregunta clave: qué tipo de información está buscando realmente el usuario.
Dos tipos de búsquedas, dos exigencias distintas
En una estrategia bien planteada, las búsquedas se dividen en dos grandes grupos.
Por un lado están las búsquedas de información objetiva. Son aquellas donde el usuario necesita datos concretos: cifras, fechas, normativas, definiciones o comparativas basadas en hechos. Aquí no hay margen para el error. Una IA que “rellena huecos” con información plausible pero incorrecta no solo falla, sino que genera desconfianza.
En este escenario, el grounding no es opcional. La IA necesita estar conectada a fuentes fiables y actualizadas, y el control humano sigue siendo imprescindible.
Por otro lado están las búsquedas creativas o de formato. Consultas donde lo importante no es tanto la exactitud factual como la forma de presentar la información: resúmenes, explicaciones, estructuras de texto, ejemplos, ideas o enfoques narrativos. En estos casos, la IA tiene mucho más margen para trabajar de forma autónoma sin poner en riesgo la calidad.
Optimizar no es automatizar todo
El error no está en usar IA, sino en usarla igual para todo. Cuando no se diferencian las intenciones de búsqueda, se desperdician recursos: se revisa en exceso lo que no lo necesita y se automatiza sin control lo que sí exige rigor.
Una buena estrategia consiste en poner el esfuerzo humano donde aporta más valor: verificación, criterio y contexto en búsquedas informativas; velocidad y escalabilidad en tareas creativas.
La IA no sustituye al pensamiento estratégico. Lo amplifica o lo deja en evidencia. Saber qué búsquedas necesitan verdad y cuáles necesitan forma es, hoy, una ventaja competitiva clara.

