El problema no es la IA, es que llevamos años midiendo mal el SEO
Cada vez que alguien me pregunta cómo medir el SEO en la era de la IA, mi cara debe ser un poema. El problema no lo ha creado la IA. Solo ha dejado en evidencia algo que ya venía torcido.
Durante demasiado tiempo, el SEO se ha medido con métricas cómodas (y en muchos casos, de vanidad): rankings, tráfico orgánico, visibilidad. Indicadores fáciles de obtener, fáciles de enseñar… y peligrosamente desconectados del negocio. ¡Y lo peor de todo es que muchas estrategias SEO se han basado en ello!
La irrupción de buscadores generativos y respuestas sin clic ha terminado de romper esa ficción. Hoy puedes “posicionar” y no recibir visitas. Puedes aportar el contenido que alimenta una respuesta de IA y no recibir atribución. Y puedes tener mucho tráfico que no activa nada.
Eso no es un fallo del SEO. Es un fallo del marco mental con el que lo hemos evaluado.
El SEO moderno exige pensar como un product manager. No como un técnico obsesionado con posiciones, sino como alguien responsable del impacto real en adquisición, activación y retención. La pregunta correcta ya no es “¿dónde aparezco?”, sino “¿qué parte del viaje del usuario estoy resolviendo?”.
Cuando un usuario busca “mejores abogados en Málaga”, no quiere un artículo que enumere opciones. Quiere contactar con un abogado que resuelva su problema. Si tu contenido no cumple la intención, aunque posicione por ello, no aporta valor. Y si la IA lo resume sin citarte, has trabajado para otro.
Aquí entra el concepto clave: ingresos. Medir SEO sin atribución de revenue es operar a ciegas. No es fácil, nunca lo ha sido. La atribución multi-touch es imperfecta, políticamente incómoda y técnicamente costosa. Pero eso no justifica no medir nada. No podemos pasar del negro al blanco. Ahora más que nunca hay que saber moverse por los grises.
Incluso un modelo simple, aunque sea de última interacción, es mejor que seguir defendiendo el SEO con gráficos de tráfico. Porque sin una conexión clara con ingresos o valor de usuario, el canal es indefendible cuando llegan los recortes.
Además, hay métricas que históricamente se han ignorado y ahora son críticas: CAC del canal, LTV de los usuarios orgánicos, tasas de activación dentro del producto, recurrencia. Dependerá de cada niño y sector, pero hay verdades absolutas, como que los usuarios que llegan por búsqueda suelen estar mejor cualificados. Permanecen más. Gastan más. Pero si no lo mides, no existe.
¿Y por qué no inventarnos nuestras propias métricas?
En algunos proyectos uso una métrica personalizada que denomino salud del sitio. En ella analizo una serie de aspectos técnicos sobre la web que me ayudan a entender - de manera genérica- el estado de la web. Si hay problemas, se lleva a cabo una migración o alguien toca algo sin avisarme, el porcentaje de salud se ve afectado y tomo acción antes de que sea demasiado tarde. Os dejo un ejemplo de cómo reporto hasta 20 aspectos técnicos con una sola métrica.
La IA añade otra capa: visibilidad sin clic, impacto de marca, share of voice en respuestas generadas. Son métricas inmaduras, difíciles de automatizar, pero reales. Si tu marca aparece de forma consistente en respuestas, el efecto se nota después en búsquedas de marca, tráfico directo y conversión diferida.
Creo que no queda una sola aplicación de monitorización y reporte de SEO que no incluya ya este tipo de información. Para mi gusto y opinión, de momento es poco más que humo. Cuando una métrica no me permite entender la situación y proponer acciones, no la considero útil y no la reportaré jamás en mis informes a mis clientes.
El SEO en 2026 no va de métricas perfectas. Va de medir lo que importa.
Y si lo que reportas no conecta con negocio, el problema no es la IA. Es que llevamos años jugando a otra cosa.



