Cómo mejorar el rastreo e indexación de tu sitio
Tiendo a explicar el rastreo de los buscadores como un proceso casi mecánico. Un bot que entra, lee, guarda y se va. Cuanto más grande es tu web o más enlaces tienes, más atención recibes. O no, si no has hecho bien las cosas, pero por desgracia la realidad es bastante más selectiva.
Algunos documentos recientes del Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ), relacionados con el caso antimonopolio contra Google, nos han dejado cierta información sobre los factores que influyen en la frecuencia de rastreo de Googlebot. Y confirman algo que muchos intuíamos, pero no siempre aplicamos bien. Mark lo ha explicado en su LinkedIn.
El primer factor es el más obvio: los enlaces. Google sigue utilizando una lógica heredera del PageRank. Pero conviene recordar el matiz importante: no gana quien más enlaces tiene, sino quien recibe los mejores. Calidad antes que cantidad. Enlaces relevantes, desde sitios con autoridad real y coherentes con el contenido. La cantidad por sí sola hace tiempo que dejó de ser una ventaja competitiva.
El segundo factor es la frecuencia de actualización del contenido. Google aprende rápido qué páginas cambian y cuáles están congeladas en el tiempo. Si una URL se actualiza, se mejora y se revisa, el buscador entiende que merece visitas frecuentes. Si no pasa nada durante meses, el interés cae. Aquí no hay magia: el rastreo sigue al movimiento.
Pero el factor más revelador es el tercero: los datos reales de usuarios. Google observa cómo interactúan las personas con tu web. Si entran, si vuelven, si pasan tiempo, si el contenido parece útil. No es solo una cuestión de SEO, es una cuestión de relevancia percibida.
Esto debería hacernos replantear muchas prioridades. El crawl budget no es sólo un problema técnico que se solucione con reglas y directivas, a no ser que tengamos errores soft 404. Es, en gran medida, una consecuencia de algo más profundo: la utilidad real del sitio.
Quizá la pregunta correcta no sea “¿por qué Google no rastrea más mi web?”, sino “¿qué razones le estoy dando para que quiera hacerlo?”.



